El escritor de Macondo: mágico y real

Artículo realizado por Rosa Elena Figueroa.

Introducción

¿Cómo empezar estas líneas, qué palabras escoger para no incordiar al lector a la hora de hablar de uno de los escritores más notables del mundo? ¿Por dónde comenzar a reseñar un documental que, al tiempo que biográfico, impregna el pensamiento de sus espectadores de esas imágenes mitad reales, mitad mágicas de las obras de Gabo?

Hablar de Gabriel García Márquez es hablar de un latinoamericano, de un hijo del continente, atravesado desde su niñez por la cultura interior de un país desangrado por la guerra civil. Marcado por los antagonismos de clase, por la música rítmica del Caribe colombiano, maridaje de herencias indígenas, españolas y africanas. Todo ello y cuánto más han hecho a nuestro autor.

Macondo, el amor, la muerte, lo sobrenatural, el coronel, la guerra, la soledad: todos pasan por las voces que testimonian, desde distintos lugares, sobre el escritor.

“Gabo, La magia de lo real”, es un documental español dirigido por el británico Justin Webster y estrenado en 2015. Narrado por el escritor colombiano Juan Gabriel Vázquez, la cinta recoge los testimonios de personas tan variadas como el periodista estadounidense John Lee Anderson, su biógrafo Gerald Martin, la agente literaria Carmen Balcells, el periodista de la cultura Xavi Ayén, su expareja Tachia Quintanar, sus amigos Plinio Apuleyo Mendoza y Enrique Santos, y hasta, quizás, el menos esperado de los testigos, el expresidente estadounidense Bill Clinton, entre otros. Además, no podía faltar para descifrar al García Márquez esencial la palabra de sus propios hermanos.

El trabajo recorre la vida del Nobel de Literatura desde el encuentro de sus padres y su nacimiento hasta su muerte. Pero si en esto no es original, sí lo es en la manera de intercalar la vida del autor con sus obras y explicar con imágenes y testimonios una cotidianeidad capaz de incluir lo sobrenatural, lo mágico como algo habitual. Todo este resultado tan exquisito sólo es posible gracias a que su autor es Gabriel García Márquez.

Proponemos trazar nuestro recorrido a través de dos ejes: el primero lo real, el segundo la ficción y lo mágico. Buscaremos recobrar la historia de vida de nuestro autor y pincelar por momentos con la ficción, con lo mágico, para luego volar hacia el mundo imaginado a través de sus novelas, y finalizar con una situada reflexión final.

Lo real

La narrativa comienza con imágenes del río, con nuestro autor regresando en tren a su pueblo y su gente que le da la bienvenida. Entonces los testimonios de personas comunes y corrientes, y de personajes tan diversos como Tachia Quintanar y el expresidente estadounidense Bill Clinton, van recreando, como piezas de un rompecabezas, los escenarios y la historia de ese hombre que conocemos como Gabo.

Entonces, el Nobel de Literatura. Gabriel García Márquez recibiendo en Estocolmo el máximo galardón que puede soñar un escritor y sus palabras pidiendo una segunda oportunidad para las estirpes de cien años de soledad.

Gerald Martin, que lleva décadas estudiando su vida, dice que Aracataca era de unos cinco mil a diez mil habitantes (estamos hablando de finales de la década de 1920). La United Fruit Company estaba, para ese entonces, presente en todo el norte de Colombia. Una comunidad atravesada por la presencia de gringos, jamaiquinos y caribeños que llegaban a trabajar. Las imágenes de época nos completan el cuadro: la cosecha de bananas, las riñas de gallos, los trabajadores rurales, los burdeles, “un lugar donde sucedían muchas cosas” dice Martin.

Gabriel García Márquez recibiendo el premio Nobel de literatura en 1982

Y en ese sitio una historia contrariada por los orígenes. Remontando el tiempo relata cómo se conocieron los padres de nuestro personaje. Un hombre que venía de la “zona negra” del norte de Colombia y una “niña bien”, cuya familia no ve con buenos ojos esa unión que, sin embargo, se lleva a cabo. Pronto realidad y ficción comienzan su juego. Al año nacía Gabriel en Aracataca y, en seguida, sobrevenía el abandono prematuro en la casa de sus abuelos maternos. ¿Cómo no pensar el espectador en aquel José Arcadio hijo en camino justo antes de que su padre fundara Macondo? ¿Cómo no imaginar a ese padre algo distante? ¿Cómo no pensar en la soledad? Pero no nos tentemos a seguir el camino de lo mágico que aún estamos, si es posible decirlo, en lo real.

Tras el nacimiento del niño Gabriel, tienen otro hijo y viajan sólo con este último a Barranquilla. Gabo transcurrirá los nueve primeros años de su vida en la casa de su abuelo. Martin dice que fue “una infancia prodigiosa, todas esas cosas que él inventa” pero también una infancia “muy sombría”. Esa infancia es la que marcará la vida y la obra de nuestro autor. Aída García Márquez, escritora y hermana de Gabo, describe la casa grande de sus abuelos, el patio por donde corrían y también a su abuela, la que infundía miedo en todos ellos con sus supersticiones, la misma que era objeto de preguntas por parte del que llama “Gabito”. Gerald Martín la llama “una mujer increíble”, que vivía viendo fantasmas por todos lados, y su abuelo, el coronel hablando de muertos.

Abuelos de Gabo: Nicolás Ricardo Márquez Mejía y Tranquilina Iguarán Cotes.

Y el pueblo, ese pueblo que Aída reconstruye para el espectador: la llegada de los gitanos, el circo, el mago y los trucos que fascinaban al niño Gabriel. ¿Cómo no pensar en Melquíades? De nuevo, dejemos lo mágico por un instante, centrémonos en lo real. Las imágenes de una aldea humilde acompañan la descripción de los años en Aracataca. Un niño curioso y una infancia fascinante con un abuelo veterano de la Guerra de los Mil Días.

Su padre regresa a buscarlo cuando cumple nueve años. Si Aracataca es Macondo, afirma Vázquez, Sucre es el pueblo más siniestro, más oscuro de sus primeras obras, dice Juan Gabriel Vázquez. Martin describe a este Gabriel hijo mayor, como el gran sostén de su madre, mientras el padre se ausentaba por muchos meses. Y, además, la pobreza. Aparecen las casas humildes que, en escala de grises, muestran las necesidades, las faltas, la soledad. ¿Acaso las “casas de barro y caña brava”? Según cuenta Jaime, su hermano, Gabo le tenía cierto recelo a su padre porque era un hombre recio, fuerte, que contaba, agrega, con una autorización para ejercer la homeopatía y con ello podía mantener a la familia.

Padres de Gabo: Luisa Santiaga Márquez Iguarán y Gabriel Eligio García Martínez.
Gabriel García Márquez (de pie en el centro) con algunos de sus hermanos.

En el año 1943 nuestro autor viaja de Barranquilla a Bogotá para presentar un examen de beca. El viaje en barco por el río Magdalena podía durar cuatro días si todo iba bien, o bien podía ocurrir que el viaje se retrasase y llegar a los quince días. La llegada a la ciudad capital la narra el propio García Márquez como el arribo a una “ciudad triste, una ciudad cenicienta”. Vázquez nos habla del frío de la urbe y de nuestro escritor entre gente que no conocía, un sitio hostil y la revelación de su soledad. Y sostiene que estas sensaciones provocaron en él dos revelaciones que van a marcar sus obras: la soledad y la nostalgia.

A partir de aquí el documental nos llevará por el itinerario de García Márquez a través de distintas estaciones por América Latina y por Europa, que nos ilustrarán las vivencias que fueron marcando sus obras. La pensión en Bogotá en donde escribió los primeros cuentos, uno de los cuales fue publicado para su sorpresa y fascinación por El Espectador, y el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, que Vázquez señala como un hecho que marcó la historia no sólo de Colombia sino también la literatura y a García Márquez: La Novela de la Violencia. Un género en el cual, para nuestro autor, lo más importante no son los muertos sino los que quedan sudando frío esperando la hora en que les toque a ellos.  

Y después Cartagena donde empieza a escribir para el periódico El Universal las noticias sobre el carácter represivo de la ciudad militarizada. De allí pasa a Barranquilla, en donde entra en contacto con lo que se conoce como el Grupo de Barranquilla. Para Vázquez fue una de las cosas más importantes que le sucedieron a García Márquez, “un grupo de gente que se devoraba el mundo a través de la literatura, de la pintura. Un grupo de gente para la cual la literatura era lo más importante en la vida pero no era algo que había que tomárselo en serio”. Resalta que Ramón Vines, un expatriado de origen catalán, le transmite una idea de la literatura que definirá su vocación. En esos tiempos tiene lugar el regreso a Aracataca junto a su madre para vender la casa de su abuelo y la impresión que causó en él el paso del tiempo. Para esa época sucede, además, un hecho curioso que comenta Vázquez: Gabo había escrito una primera novela de la cual se sentía “relativamente orgulloso”, la envía a la editorial Losada de Argentina y la respuesta terminó por ser el rechazo de Guillermo De la Torre, cuñado de Borges. Se trataba de La Hojarasca que, según Martin, “es una de las primeras obras vanguardistas más importantes de América Latina. Es una cosa formidable y para un joven de 22 o 23 años es casi un milagro.”

El derrotero lo lleva de nuevo a Bogotá y a El Espectador y comienza a publicar artículos que son a la vez “obras literarias”. Es el momento de La crónica del náufrago. Gabo estaba aprendiendo a transformar la realidad en algo nuevo, dice Vázquez.  La próxima estación, nos muestra a nuestro escritor en París enviado por el diario y en una entrevista contando que por fin había cumplido su sueño. Inmediatamente pensaríamos… ¿Viajar a Europa acaso? No, simplemente “sentarme a escribir sin que nadie me joda. Y me puse a escribir El coronel no tiene quien le escriba”, confiesa. En París y junto a Plinio Apuleyo Mendoza se enteran del cierre de El Espectador. Para ese tiempo estaba en pareja con Tachia Quintanar, quién cuenta cómo su relación se fue desgastando a partir de este hecho hasta llegar a la separación. Es el momento de El coronel no tiene quién le escriba.

Vendrán entonces los viajes por Europa del Este para conocer el mundo soviético y sobrevendrá también cierto modo de decepción, relata Martin. Y después el retorno a Colombia donde va a buscar a su viejo amor, Mercedes Barchia. Su biógrafo la describe como una mujer “alérgica a los excesos, organizada”, “inteligente” pero que pertenece a ese mundo costeño de dónde venía García Márquez.

Gabo y Mercedes.

Gabo y la Revolución Cubana será una historia no tan lineal, sino que tendrá sus idas y vueltas. Junto con Plinio se incorporarán a Prensa Latina. A partir de aquí el documental dejará abierta la polémica porque Martin afirma que en los años ’60, cuando Gabo abandona Prensa Latina, no tiene éste una buena relación con la revolución. El quiebre con la experiencia cubana lo llevará finalmente a México, donde trabajará con éxito, aunque con cierta frustración, en publicidad y en cine. El realismo mágico aún no había tocado la puerta, pero faltaba muy poco. Será en un viaje por carretera hacia Acapulco la ocasión en que, por fin, llegaría la magia.

Apuleyo Mendoza nos cuenta que Gabo le dijo que escribiría una “novela peligrosa”, una novela que no era segura, puesto que tenía “cosas mágicas”. Lo contaría como lo hacía su abuela.  La decisión no era sencilla. Martin relata las dudas y la necesidad de lanzarse a ese destino que siempre había querido. La novela será finalmente Cien años de soledad. Es la creación del realismo mágico, dice Vázquez. El impacto fue inmediato y se convertirá en el escritor más famoso.  El clima del documental parece llevarnos a la misma levitación de aquel público de antaño: se trata de las lecturas públicas bajo la voz del autor.

Gabo, Carmen Balcells y el boom latinoamericano.

Barcelona fue el destino siguiente, donde  aparece Carmen Balcells, quien supo ser una suerte de progenitora de un grupo de jóvenes escritores entre los que destacaba nuestro autor. En esos años conoce a otro futuro Premio Nobel, Mario Vargas Llosa. Es el momento del impacto entre los intelectuales latinoamericanos de la Revolución Cubana que, en las postrimerías de los años ’60, se sienten llamados a plantear inquietudes ante el arresto de Heberto Padilla, el poeta crítico de la revolución. La relación de García Márquez con el gobierno cubano generó siempre polémicas. Mientras muchos intelectuales se fueron distanciando cada vez más hasta hacerse fuertemente críticos, Gabo llegó con el tiempo a trabar amistad con el comandante Castro. Narra su amigo Plinio que mientras ellos firmaban cartas de cuestionamiento, nuestro autor decía no querer ser utilizado por los intereses imperialistas, alegando contar con otras estrategias más efectivas. En este punto los testimonios son divergentes. Con su amistad logró liberar a muchos, asevera sin fisuras el periodista colombiano; sin embargo, John Lee Anderson parece guardar ciertas reservas.

Fidel Castro y Gabo.

Tras la publicación de Cien años de soledad, Gabo llega a la fama y se produce una paradoja enorme, dice Vázquez. García Márquez deja la literatura por un tiempo. La siguiente obra será El otoño del patriarca, la otra gran novela de realismo mágico.

Las imágenes interrumpen la cadencia narrativa con un Enrique Santos que relata cómo García Márquez lanza su huelga literaria ante el golpe de estado en Chile. Es el momento más radical de nuestro autor, afirma Anderson. Es notoria esta actitud porque es justamente el momento del boom de la literatura latinoamericana entre los años ´60 y ´70 y es también cuando la ultraderecha política asalta el poder en distintos países del continente dando  inicio a una de las épocas más sangrientas.  Los premios le servirán a Gabo para apoyar a su amigo Santos en la fundación de la revista Alternativa, una revista militante, una revista que representa, como dice Martin, “el sueño perdido de la revolución latinoamericana”. Son los inicios de los ’70 y vemos a Gabo cercano a Cuba. Anderson señala que, para un Fidel Castro, quien para ese momento se había aislado del mundo intelectual progresista, “el retorno de una figura como García Márquez era trascendental.” Y en un fragmento de entrevista el escritor nos revela en palabras propias lo que rescata de la experiencia de la isla: “Para mí lo fundamental de Cuba es su resistencia y su defensa permanente y férrea de la soberanía ante un bloqueo que tiene treinta y tantos años”. Pero el lado político de nuestro escritor no le será gratuito. María Jimena Duzán relata el exilio de García Márquez cuando el gobierno colombiano planificó su arresto. Vázquez narra un fragmento: “Santiago Nasar…”. Se trata de Crónica de una muerte anunciada, que revela tal vez a ese García Márquez.

El clima de la trama cambia: es 1982 y nuestro autor es consagrado con el Premio Nobel de Literatura. Sobrevienen imágenes de un Gabo recibiendo el homenaje, agasajado por reyes. Vázquez trae a colación el mito según el cual ningún escritor después del Nobel pudo escribir algo de valor y afirma que Gabo era consciente de ello. Es el momento de El amor en los tiempos del cólera.

Elipsis y la imagen de Pablo Escobar acompañada por una inquietante sinfonía nos llevan a otra estación. El testimonio de María Jimena Duzán habla de “algo que no sabíamos qué era”, algo que no era la guerrilla, era el narcotráfico. Aquí el documental nos muestra el clima de miedo y violencia, la incipiente negativa de García Márquez a escribir en ocasión del setenta aniversario de El Espectador, el asesinato de su director y amigo de nuestro autor, Guillermo Cano por orden de Pablo Escobar Gaviria, la reacción de Gabo y el artículo en homenaje. Eran tiempos violentos. El expresidente César Gaviria entra en la lista de los entrevistados para dar cuenta de ello. Es el momento de Noticia de un secuestro. Para Anderson, la novela es un regreso de nuestro autor a su país en los tiempos de Pablo Escobar. Y la vuelta al periodismo para formar jóvenes.

El documental había mostrado la cercanía, con matices, de Gabriel García Márquez con la Revolución Cubana. Ahora instala a nuestro autor a través de un personaje diametralmente distinto. La intervención de César Gaviria sirve para una transición suave y coherente. Según él, no es que García Márquez se acercara a todos los dirigentes, tenía que haber alguna compatibilidad. El documental nos narra la historia del encuentro de Gabriel García Márquez con el por entonces presidente estadounidense Bill Clinton. Estuvieron cerca de lograr el fin del bloqueo a la isla, según describe este último, pero el congreso de su país lo impidió. Anderson realiza una suerte de ucronía: “creo que de haber sido distintas las cosas, deberíamos estar hablando aquí de cómo Gabo y Clinton lograron poner fin al bloqueo norteamericano con Cuba”.

La trama nos desliza hacia el final. En sus últimos años, Gabriel García Márquez tenía lapsos de memoria, dice Anderson, y sólo conservó su ternura. La memoria y la nostalgia habían sido sus inspiradoras. Por eso para Tachia Quintanar “el ciclo se ha cerrado”.

Gabo y su familia.

La ficción y la magia

Los años de cronista

Cuando vuelve a Bogotá y logra un lugar en El Espectador, aparece La crónica del náufrago. Para Vázquez estaba aprendiendo a transformar la realidad en algo nuevo, Mientras María Jimena Duzán recuerda cómo una noticia que ya todos conocían, era ávidamente esperada por los lectores del diario, ofrecida en sucesivas entregas por la pluma de nuestro autor y en formato de novela.

El juego de espejos

Cuando Gabo da vida a El coronel no tiene quien le escriba, está en París, en una situación muy particular. Confiesa en una entrevista que es exactamente lo que le estaba ocurriendo. Aquí hay una suerte de juego de espejos entre el escritor, su abuelo y su personaje. Para García Márquez, contra todas las críticas, esta será su “obra maestra”. Su lejanía de la tierra natal, el cierre del diario para el cual trabajaba, la falta de dinero, y de nuevo, la soledad. El coronel, como su abuelo que toda la vida esperó en vano la pensión de veterano, y como él mismo que solo y sin trabajo, escribe misivas y aguarda inútilmente la respuesta que no llega.

La magia de lo real

Cuando Gabriel García Márquez conoce al mejicano Carlos Fuentes éste ya era un escritor consagrado y, en cambio, nuestro autor no había logrado escribir ninguna obra que trascendiera a pesar de contar ya con varios años en la literatura.  Era el principio de los ’60 y se acercaba el momento en que nacería al mundo “la magia de lo real”. Cien años de soledad llega en un momento en que, como describe Gerald Martin, nuestro autor estaba “harto de todo” y deseaba lanzarse a esas “ambiciones” que siempre fueron las de ser un escritor, tal como el mismo Gabo lo había confesado en entrevistas cuando recordaba aquellos primeros cuentos que publicó El Espectador. Es un tiempo en que, habiendo construido una vida relativamente estable, no había podido aún ser ese escritor que soñaba ser.

Juan Gabriel Vázquez define Cien años de soledad como una “estructura perfecta”, “un mundo entero desde su nacimiento hasta su muerte”. Y agrega: “Es la historia de Macondo contada a través de una sola familia y a través de una manera de entender el mundo en donde lo sobrenatural, las leyendas y las supersticiones forman sin distingo del mundo real cotidiano”, pero también es un mundo en donde “lo real es narrado como si fuese sobrenatural”. Y algo más, Gabo empieza a cobrar “conciencia de un continente”, de “una identidad latinoamericana”. Macondo, según analiza Vázquez, deja de ser una transposición de Aracataca y se convierte en una metáfora de América Latina entera.

Para escenificar el impacto que tuvo en el mundo de las letras la historia de los Buendía, la cinta trae la voz de Bill Clinton y su experiencia al acercarse, siendo estudiante, a nuestro autor. La imposibilidad de abandonar la lectura, lo adictivo, la reflexión en torno a la condición humana, el amor y el odio, la generosidad y la avaricia, las esperanzas y los miedos.

Cuando escuchamos a Aída García Márquez relatar la vieja casa de sus abuelos nos vienen a la mente el patio de los Buendía; cuando habla de la algarabía del pueblo por la llegada del circo, cuando oímos sus relatos de los gitanos, del mago que con sus trucos despertaba la fascinación del pequeño Gabriel, nos asaltan retratos de Melquíades, sus compañeros y los extraños inventos traídos desde lejos. El coronel y el día que su padre lo llevó a conocer el hielo, que recuerda su propia experiencia de niño y más adelante la fascinación de ver nevar por primera vez en Europa. Los fantasmas que veía su abuela son acaso los que veía Úrsula, los Buendía y el partido liberal a cuyo favor había combatido el abuelo de Gabo. Y Aracataca transmutada en Macondo, desgarrada por la pobreza y la guerra civil, ensimismada entre las selvas colombianas, marcada por los rastros de la conquista española, pincelada de herencias indígenas y africanas, es metáfora de América Latina, anhelante de las prosperidades del mundo y deseosa de futuro, a pesar de todo.

Las lecturas públicas de ese entonces, interpretadas por el mismísimo García Márquez, irrumpen en la cinta transmitiendo emociones, y las revistas de la época que la presentan como la gran novela latinoamericana, nos dan el panorama de la recepción de la novela. Cien años de soledad es el “Big Bang” de la literatura en español, se escucha en el documental.

La paradoja

La gran fama llega con Cien años de soledad, pero es entonces cuando, como indica Vázquez, se produce una paradoja enorme. Gabo deja la literatura por un tiempo. Después de un tiempo aparece El otoño del patriarca.

El otoño del patriarca fue un fracaso desde la perspectiva de los críticos, pero no desde el propio autor ni desde aquellos que supieron interpretar que nada de lo que escribiera Gabo estaba fracturado respecto de su vida, de sus experiencias, de su realidad. La obra relata la historia de un dictador. La imagen de nuestro autor en una entrevista sentencia con dureza la opinión de los críticos, “es un libro escrito con las experiencias personales cifradas” e invita a leerlo con otras claves, no como la historia de un dictador sino como la de un escritor famoso.

El hombre y el destino

La cercanía de García Márquez con las figuras e ideas políticas de izquierda le granjearon críticas en un país marcado por la guerra civil, y hasta el exilio ante la amenaza de arresto. Las imágenes del documental muestran a Jaime García Márquez junto a Vázquez consultando unos escritos. La historia fue real, Isidro Álvarez y Juan Gabriel Vázquez narran los sucesos acontecidos en Sucre en 1951, cuando un amigo de Gabo fue asesinado. Es la historia del hombre en lucha con su destino.

Para Vázquez es curioso como García Márquez, que nunca escribía nada sin pensarlo unos veinte años antes, conocía el momento correcto de sentarse a hacerlo. Tenía una intuición fantástica para escoger ese momento.

Un amor con final feliz

Había que romper el mito de que tras recibir el Nobel “ningún escritor ha vuelto a escribir nada de valor”, dice Vázquez. “Una especie de reto personal, familiar porque implicó un acercamiento a su padre”, agrega. El libro que escribe es El amor en los tiempos del cólera. La cinta exhibe la fotografía de sus padres. Hasta ese momento, poco se había hablado en el documental de ellos y de la influencia que tuvieron en las obras de nuestro autor, ya que el centro de inspiración habían sido los abuelos. Sin embargo, El amor en los tiempos del cólera es su historia. La ciudad es Cartagena y Gabo explica que “toda la geografía es auténtica”, cómo visitaba lugares, “oía frases” y regresaba en las tardes a la casa de Gabriel Eligio y Luisa Santiaga a interrogarlos sobre sus amores, a cada uno por separado. Las peripecias de un amor contrariado que termina venciendo. Para Vázquez era una novela que corría un riesgo porque tenía final feliz, el amor triunfaba finalmente, era la contracara, afirma, de Cien años de soledad, donde nada impedía la destrucción del mundo. En cambio, aquí vencía el amor. Gabo había dicho que pondría de moda la felicidad.

La sangre de Colombia

La periodista María Jimena Duzán narra una escena estremecedora, es el relato de García Márquez de cómo se entera del asesinato de su amigo Guillermo Cano. Es el momento de Noticia de un secuestro. La novela representa para Anderson el regreso de nuestro autor a su país en los tiempos de Escobar Gaviria.

Gabo se ocupó de que la nueva novela llegara al por entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y éste comenta las excusas que inventó para poder leerla en un solo tramo. César Gaviria señala que el libro reveló e incomodó al mandatario sobre la complejidad de la violencia, del narcotráfico en Colombia, de los secuestros y el terrorismo.

Otro fragmento aparece en el documental, es de Crónica de una muerte anunciada. Los pueblos cambian, los árboles nos recuerdan… la nostalgia inspiradora, se deja ver. Es una obra maestra para Vázquez, que muestra la magia de Gabo, la lucha del hombre contra su destino donde, según Vázquez, el lector se da cuenta que el periodista que narra la trama es García Márquez, una “falsa crónica” donde entrevista, hace reportajes e investiga.

Desde Macondo

Gabriel García Márquez falleció el 7 de abril de 2014. Su vida atravesó el siglo XX. Fue parte del boom de la literatura latinoamericana de los ’60 y ’70. La literatura se alimenta de la realidad y también de la imaginación, pero Gabriel García Márquez supo nutrirse de lo mágico, de los misterios y supersticiones que tantas veces forman parte de la cultura de los pueblos interiores y con ellas le brindó a la realidad lo mágico. Supo contar su historia jugando con coroneles inspirados en su abuelo, y en él mismo. “No es fácil olvidar a un abuelo así”, dijo una vez. ¿Por qué tantos coroneles en sus narraciones? ¿Por qué la historia de un país está tan marcada por la guerra? Es que América Latina ha vivido y vive una realidad donde suceden cosas increíbles, que no parecen reales pero lo son: sus guerras, sus sueños y esperanzas, su pobreza, sus muertos, sus injusticias, sus revoluciones… su soledad.

¿Cómo no sentirnos conmovidos cuando alguien hace lo que a veces hemos fantaseado? Volver a la infancia o quizás más aún, perpetuarla a través de la palabra, a través de personajes que vivirán por siempre cada vez que alguien tome sus textos y lea. La nostalgia de los años primigenios y la soledad de un continente. Macondo es América Latina.

Noticia de un secuestro es esa Colombia atravesada por una violencia que ya no habla de ideologías, sino de algo muy distinto, de lo siniestro, la codicia y la muerte como emblema en sí misma: el narcotráfico. Y, sin embargo, las raíces de una y otra son las mismas, la soledad de las estirpes olvidadas de América Latina.

Y el amor. El amor contradicho que persevera en sus obras y que, como dice Vázquez, no puede lograr la felicidad en Cien años de soledad, pero sí en El amor en los tiempos del cólera. Al final es el tiempo de la felicidad.

El documental termina con una entrevista donde un García Márquez ya añoso nos dice que “la única cosa realmente importante es la vida, lo importante es estar vivo”, que la muerte “es una trampa”, que es injusta. ¿Cómo evitarlo? “Escribir mucho”. Escribir para no morir. Entonces nos viene a la memoria la primera parte del documental, con nuestro escritor luciendo un traje blanco de los llanos colombianos, el típico liquiliqui, en medio de señores de negro de etiqueta. Y su voz anunciando “La soledad de América Latina” y proponiendo “…una utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin una segunda oportunidad sobre la Tierra”.

Ficha técnica

Afiche original de la película.

Título original: Gabo, la magia de lo real.

Año: 2015.

País: España.

Duración: 90 minutos.

Dirección: Justin Webster.

Guión: Kate Horne, Justin Webster.

Fotografía: Lucas Gath, Kim Hattesen.

Música: Laro Besterrechea.

Productora: Morena Films.

Reparto: Gabriel García Márquez, Juan Gabriel Vázquez, Plinio Apuleyo Mendoza, Jon Lee Anderson, Enrique Santos, María Jimena Duzán, Tachia Quintanar, Aída García Márquez, Jaime García Márquez, Bill Clinton, Carmen Balcells, Xavi Ayén, María Elvira Samper, Isidro Álvarez.

Producción: Coproducción España-Reino Unido-Colombia; JWProductions, Ronachan Films, Horne Productions, Caracol, Discovery Studios, Canal+ España

Género: Documental | Biográfico.


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