415 a.C.: La llegada del pueblo visigodo a la Península

A partir del año 415 se sucedieron las primeras oleadas migratorias del pueblo visigodo a la Península Ibérica. A su llegada, se encontraron que ésta estaba ocupada por suevos, vándalos y alanos, quienes se habían repartido el territorio unos años atrás, en el 411. Tres años más tarde, en el 418, el sucesor de Ataúlfo, Valia, concertó un pacto con Roma para, a cambio de tierras en el sur de la Galia, colaborar con la defensa del Imperio.

En consecuencia, en ese año se erigió el reino de Toulouse (418-507). Desde allí ejercieron su influencia en la península y lucharon abiertamente contra el resto de los pueblos germanos hasta que, en el año 507, en la Batalla de Vouillé, la derrota infringida por Clodoveo, rey de los francos, los impulsó a desplazarse del sur de la Galia, a Hispania. Allí establecieron la capital regia en Toledo, iniciándose un largo y complejo proceso de asentamiento y expansión que acabaría en el 711 con la Batalla del Guadalete.



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