El fotógrafo que nutrió la historia

artículo realizado por Juana Vissio

En los campos de concentración alemanes fueron encerradas una incontable cantidad de personas debido a su pertenencia a un colectivo determinado. La película dirigida por Mar Targarona, El fotógrafo de Mauthausen (2018), representa la penosa estadía de los prisioneros españoles en Mauthausen, tomando como centro de desarrollo de la historia a quien tuvo el valor de salvar las fotografías realizadas durante su detención, Francisco Boix.

En esta reseña nos enfocaremos en aquellos españoles republicanos que por su posición política fueron dejados a su suerte por el gobierno franquista y finalmente capturados por la Alemania nazi. Entre los destinos, se destacó el campo de concentración de Mauthausen, aunque algunos lo determinan como un campo de exterminio más que de concentración, debido a la alta tasa de mortalidad y la calidad de los trabajos forzosos que debían realizar los prisioneros. En su película, Targarona procuró que el aspecto miserable de los prisioneros sea representado en la pantalla; fue así que por ejemplo Mario Casas, quien interpreta a Francisco Boix, perdió quince kilos para la filmación. Incluso la directora contó que los actores pasaron hambre y frío (hasta -7ºc) durante el rodaje, generando que sus humores se vean afectados y la credibilidad de la película aumentase.

Mauthausen fue clasificado por la SS como categoría III; esto significaba que sus prisioneros eran “irrecuperables”, ya que estaban destinados a trabajos exhaustivos y a la penuria extrema. Incluso se pueden ver en los documentos del campo la clasificación de «Nacht und Nebel», denominación poética que hace referencia a desaparecer en la “Noche y Niebla”.

La mayoría de los españoles capturados fueron víctimas de este destino en calidad de apátridas, luego de que Franco negara su nacionalidad a aquellos que lucharon en el bando republicano durante la Guerra Civil. A pesar de que buscaron refugio en Francia, e incluso participaron en compañías del ejército francés, fueron deportados luego de la invasión alemana de 1940.

«Tras ser capturados por las tropas alemanas, Serrano Suñer, ministro franquista, les arrebató incluso su patria. Para los franquistas, no eran ni españoles. Los nazis podían hacer con ellos lo que quisieran…» expone la película El fotógrafo de Mauthausen (2018) en sus primeros minutos, dando un marco claro del momento con solo unas pocas líneas.

El atuendo utilizado por los prisioneros españoles se caracterizó por el triángulo azul y una “S” por encima, incluyendo en este distintivo a socialistas, anarquistas, nacionalistas catalanes, republicanos y comunistas. Fue tal la unión y el accionar silencioso de este grupo de españoles, que algunos supervivientes llaman a Mauthausen como “El campo de los españoles”. A pesar de la imposibilidad de cualquier intento de rebelión, los españoles conformaron un grupo unido que buscaba la supervivencia tanto individual como colectiva.

En Mauthausen, como en muchos otros campos, se encontraba el servicio de identificación, el cual contaba con dos cámaras oscuras, doscientos diez metros destinados a la documentación y a la toma de fotografías de todo lo que sucediera en los campos. Allí fue donde Francisco Boix encontró un lugar para sobrevivir. Las fotografías tomadas por él resultaron ser documentos importantes para inculpar a los altos cargos del Partido Nacional Socialista Alemán por las atrocidades cometidas. Las imágenes fueron utilizadas, en una primera instancia, para identificar a los presos con sus respectivos números, pero también para documentar visitas de figuras importantes del Partido Nazi, como Himmler, e incluso algunas ejecuciones.

Ahora bien, ¿cómo fue que estas fotografías lograron salir de los muros de Mauthausen? La película tratada en esta reseña nos muestra el plan ideado por los “Poschacher”, el grupo de españoles, en su mayoría jóvenes, que poniendo su vida en riesgo llevaron a cabo las distintas partes del plan. Lo más importante era que los negativos salieran del campo; para ello vieron una oportunidad en “Poschacher”, la empresa en donde trabajaban, en calidad de semiesclavitud, algunos de este grupo. En la película vemos como el plan falla y el fotógrafo, interpretado por Mario Casas, es golpeado y enviado a aislamiento; solo logran salir los negativos en cuanto Alemania pierde la guerra y deben dejar a los prisioneros a su suerte (o a su libertad). Sin embargo, esta película no es la única producción audiovisual que retrata el camino que realizaron las fotografías para salir del campo de exterminio. El documental dirigido por Lorenzo Soler “Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno” (2000) nos muestra otro recorrido, en donde el plan ideado en un primer momento, logra su cometido y llega hasta la casa de Madame Pointner (pueblerina de Mauthausen) quien guardó los negativos en su jardín hasta que el mismo Francisco Boix fue a buscarlos. Sea como sea que hayan visto la luz estas imágenes, la importancia que tuvieron para la justicia y para la historia es indudable.

El protagonista tuvo la suerte de tener conocimientos acerca de la fotografía gracias a su padre, un sastre que le enseñó esta afición sin saber que la misma cumpliría un rol importante durante la estadía de Francisco Boix en Mauthausen. Bien lo expone en la película: “Yo no quería dar golpes ni ser golpeado. Mi única opción era quedarme fuera del encuadre”, haciendo referencia a su modo de ganarse la confianza de los SS, sin tener que hacerle ningún daño a sus compañeros, como sí hacían los kapos (presos que cumplían una función de control violenta sobre sus propios compañeros).

No es el propósito de esta reseña adentrarnos en los detalles de la estadía de los prisioneros, pero sí el de hacer hincapié en el hecho de que para sobrevivir a las torturas se necesitaba un porqué para vivir. Victor Frankl, en su libro El hombre en busca de sentido (1979), luego de contar algunas de sus propias experiencias en los campos de concentración (Auschwitz y Dachau), expone brevemente acerca de su logoterapia. Plantea que el hombre necesita de algo por lo que vivir, y que incluso, «nada en el mundo ayuda a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como la conciencia de que la vida esconde un sentido» (Frankl, 1979).

Si entendemos la cuestión de la búsqueda de sentido como inherente al hombre, se puede pensar que la fotografía fue el sentido que encontró Francisco Boix al llegar a Mauthausen y que, en un último momento, el propósito fue salvarlas para que la verdad sea vista por los ojos de quienes no querían ver. Fue así que, en enero de 1946, Francisco Boix declaró en el juicio de Núremberg teniendo de respaldo algunas de las fotografías que había tomado, o que él mismo había revelado, reconociendo entre los acusados a hombres de la SS.

Resulta admirable y de eterna gratitud, la valentía que tuvieron, no solo Boix sino todo el grupo de los “Poschacher”, en idear y llevar a cabo el plan para salvar las fotografías. Teniendo la esperanza de un lado y la suerte del otro, sin saberlo estaban abriendo paso a la justicia y a la historia para que no sean olvidadas, aunque pese en el recuerdo de cada uno de ellos, las atrocidades cometidas. Gracias a estas imágenes, hoy la historia tiene un hueco menos en nuestra memoria.

Ficha técnica

Título original: El fotógrafo de Mauthausen

Año: 2018

Duración: 110 min.

País: España

Dirección: Mar Targarona

Guión: Roger Danès, Alfred Pérez Fargas

Música: Diego Navarro

Fotografía: Aitor Mantxola

Reparto:Mario Casas, Richard van Weyden, Alain Hernández, Adrià Salazar, Stefan Weinert, Macarena Gómez, Frank Feys, Rubén Yuste, Eduard Buch, Efrain Anglès, Luka Peros, Igor Szpakowski, Marc Rodríguez, Joan Negrié, Roger Vilá

Productora: TVE, FilmTeam, Rodar y Rodar

Género: Thriller, Basado en hechos reales

Afiche promocional de la película. Foto extraída de: https://www.filmaffinity.com/es/film842174.html

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