Descubriendo la historia de “Altamira” (con entrevista al protagonista José Esteban)

artículo y entrevista realizada por Aldana Sgandurra

En la región de Cantabria, España, en una cavidad natural se encuentra una de las maravillas pictográficas más importantes de la prehistoria. Su antigüedad data de hace quince mil años. Altamira, también conocida como la “Capilla Sixtina del arte rupestre”, es uno de los emblemas históricos más relevantes de España, ya que fue el primer descubrimiento artístico del período Magdaleniense. Según las investigaciones arqueológicas, antes de que finalizara esta era, se produjo un derrumbe en la entrada de la cueva, lo que permitió la conservación impoluta de la obra. Este hallazgo trajo consigo la ruptura del pensamiento que, en aquel entonces, describía al humano de la prehistoria como un ser “salvaje”, incapaz de crear y producir arte, poniendo en cuestionamiento todo lo observado, investigado y comprobado hasta ese momento.

¿Qué hubiese sucedido si en 1879 una niña de tan solo ocho años no hubiese encontrado, por casualidad, en el techo de la cueva, aquellos dibujos rupestres que significaron una revolución antropológica?

Con esta pregunta de tono contrafáctico damos inicio al análisis de la película “Altamira”, dirigida por Hugh Hudson, director de cine británico, quien nos acerca este acontecimiento tan revelador. Debemos remarcar, en primer lugar, que la película está basada en hechos reales, por lo que es importante ser cuidadosos al momento de narrar lo sucedido. Siguiendo las declaraciones del director: “sobre todo cuando los descendientes aún viven y, aunque haya que dramatizar cosas por cuestiones cinematográficas, básicamente hay que respetar la verdad».

La película nos cuenta la historia de Marcelino Sanz de Sautuola (Antonio Banderas), un paleontólogo aficionado a la ciencia y a la Historia. El mismo fue un propietario local español de distinguida familia, la cual perteneció a la alta sociedad cántabra. Una de sus características más relevantes fue su pasión por la búsqueda de todo aquello que espera ser descubierto e iluminado con la verdad. Es por este motivo que viajó a París, cuna de las nuevas ideas, para ser parte de la conferencia del arqueólogo francés Émile Cartailhac (Clément Sibony), una eminencia en el mundo científico de aquella época. En su regreso a España, Sautuola fue convocado por Modesto Cubillas (Gonzalo Cunill) un tejero asturiano que, gracias a su perro, encontró la entrada de la cueva. Modesto invitó al paleontólogo a ver su descubrimiento; en la película se muestran dos visitas por parte del científico:  la primera individualmente, y la segunda en el año 1879, acompañado de su hija de ocho años, María Sautuola (Allegra Allen). En esa oportunidad, la niña logró ser parte de aquel mundo que su padre fervientemente intentó inculcarle. Maravillada por la historia, decidió adentrarse de manera sigilosa a la cueva para descubrir aquello que tanto apasionaba a Marcelino. En aquel momento, María se tropezó sin querer con un desnivel en el suelo y, al querer reincorporarse, descubrió las pinturas rupestres (bisontes y dibujos abstractos, entre otros) que se encontraban en la cueva. Este acontecimiento modificó por completo lo que Marcelino Sautuola y su fiel amigo Vilanova (Nicholas Farrell) creían saber, ya que todo lo que conocían como verdadero hasta ese momento, se había puesto en duda. Aquel tropiezo que sufrió la niña dentro de la cueva puede interpretarse como esa línea invisible que separa lo desconocido y lo que se está por develar. Es en este momento en el que la película comienza a tomar un giro completamente diferente, donde se intersectan no solo la historia y la ciencia, sino también la religión.

La fe y la razón, un enfrentamiento por la verdad

El director Hugh Hudson hace hincapié durante toda la película en el impacto que ocasionó el descubrimiento de la cueva en el ámbito religioso. A través del personaje ficticio de Monseñor (Rupert Everett), se puede observar el rechazo, descontento y hostilidad que la Iglesia católica sintió por las nuevas ideas que comenzaban a surgir a partir del siglo XVIII, con la Ilustración. Las mismas desarticularon el orden dogmático, poniendo en tela de juicio la Creación. La película deja en claro la postura de la Iglesia: la ciencia y la religión no pueden ir de la mano. El orden de la naturaleza se tornó inestable, descubrir la verdad significó una fractura en el status quo y la devoción a Dios. Sin embargo, la otra cara del film nos muestra cómo aquel sentimiento tan profundo y devoto por lo divino puede coexistir con la ciencia.

En la película, Sautuola y Vilanova eran creyentes, estudiaron al ser humano como una creación de Dios, quien le brindó la habilidad y capacidad de crear maravillas tales como las pinturas rupestres de la cueva. Ambos científicos no compartían las ideas darwinistas de la evolución, que admitían un determinado umbral de inteligencia. Esto puede verse claramente ejemplificado en el personaje del señor De los Ríos (Henry Goodman) quien estudió la época paleolítica, y no escuchó ni aceptó las nuevas ideas planteadas por Marcelino; por el contrario, rechazó fervientemente este descubrimiento, negando la capacidad intelectual y motriz de los hombres y mujeres de la prehistoria definiéndolos como “salvajes”. Para el señor De los Ríos, resultaba impensada la posibilidad de revisar las afirmaciones sobre lo descubierto acerca del período, su arrogancia lo llevó directamente a una ignorancia rotunda de los hechos producidos en Altamira. Esto mismo puede verse reflejado en la siguiente frase que el personaje le comparte a Sautuola en la película: “Una mente abierta es una mente vacía”.

La verdad y la arrogancia a solo un paso de la ignorancia

El director no solo plasmó la polémica relación entre ciencia y religión, sino que mostró en su película una faceta tan real como controversial: el rechazo de los intelectuales al descubrimiento de la cueva de Altamira. Esta situación provocó un daño irreparable en la vida de Marcelino Sautuola y la de su familia. La difamación que recibió no solo lo enfrentó con la Iglesia católica sino también con la indiferencia y el escarnio de la comunidad científica de aquel entonces, que se negó a revisar y analizar los registros arqueológicos encontrados en la cueva. Eligieron, en cambio, la comodidad del paradigma científico ya comprobado y verificado, ignorando que la ciencia es cambiante y todo lo que se sabe ahora, puede ser refutado más adelante. Esto nos demuestra a los espectadores que, incluso dentro del mundo científico, donde debieran primar la lógica y la razón, la arrogancia y la ignorancia fueron protagonistas, cerrando los ojos a la posibilidad de descubrir un mundo completamente diferente, olvidando así el sentido de aquel movimiento intelectual que vino a intentar renovar el pensamiento científico. De esta manera, podemos tomarnos la licencia de relacionar este suceso con la famosa “Alegoría de la caverna” de Platón. La cueva puede interpretarse como un lugar donde estar a salvo, como una protección de lo desconocido, como la comodidad; en cambio, el exterior puede simbolizar lo peligroso, la incertidumbre y la inseguridad. Hay dos formas de vivir en esta cueva: observando una sombra que emite la representación de lo exterior, o salir en busca de la realidad. La decisión depende de uno mismo, de la voluntad de cada individuo. En este mito hay dos personajes, uno de ellos tomó coraje y salió al mundo, cansado de ver a través de las sombras, adentrándose de esta forma en un universo completamente nuevo. Al encontrarse con una realidad diferente, decidió volver a la cueva en busca de su compañero para contarle acerca del descubrimiento que modificaba todo lo que conocían hasta ese momento. Sin embargo, su compañero decidió pensar que era mentira y que la “verdadera” realidad eran las sombras que se veían en las paredes de las cuevas. Con esto queremos decir que, a pesar de que la verdad se encuentre delante de nuestros ojos, es muy difícil que todos la acepten; todo depende de la voluntad de cada uno, de creer o no, de seguir eligiendo mirar una sombra o tener el coraje de ir al encuentro de la verdad. Este planteamiento podemos llevarlo tanto al plano científico como al religioso, y creemos que esta fue la intención del director Hugh Hudson durante todo el film.

Marcelino Sautuola le dedicó su vida entera a la ciencia, arriesgó la relación con su esposa (Golshifteh Farahani), defendió sus pensamientos e ideas y fue un buscador infatigable de la verdad. Murió en España en 1888, sin ser reconocido por su incansable e invalorable aporte al mundo científico.

Antes de culminar el film, se muestra la visita del científico francés Émile Cartailhac a la casa de Sautuola, con el firme propósito de disculparse con él por haberlo dejado en ridículo y manchar con sus dichos su apellido. Cartailhac había sido uno de los opositores a dicho descubrimiento. A finales del siglo XIX, en Francia, se hallaron pinturas rupestres asociadas a las ya encontradas en la cueva de Cantabria; el científico, ante los nuevos acontecimientos, recapacitó sobre su postura y decidió revindicar el nombre de Marcelino Sautuola. Sin embargo, al llegar, es informado de la muerte de Marcelino; por tal motivo su esposa y su hija deciden escoltarlo hasta el cementerio donde estaba enterrado el científico para retractarse frente a su tumba y pedirle las disculpas correspondientes. De esta manera, Marcelino pudo ser reconocido post mortem por el descubrimiento de la cueva Altamira, la cual pasó a ser uno de los hallazgos más significativos (siendo considerada Patrimonio Mundial por la Unesco en el año 1985) perdurando por siempre en ella, ni más ni menos, que la historia misma.

El director nos permitió conocer a Marcelino Sautuola, un hombre que dedicó su vida a buscar incansablemente la verdad a pesar de las injusticias y los malos tratos recibidos. También nos mostró cómo su perseverancia por defender sus pensamientos hizo de él un ejemplo de valentía y determinación por sus creencias.

Palabras finales

Como cierre del análisis y tomando la expresión de San Anselmo de Canterbury (teólogo y doctor de la Iglesia católica) “Credo ut intelligam” “Creo para comprender; no comprendo para creer”, podemos decir que este mensaje en cierta forma se encuentra relacionado con la película “Altamira”. Para Anselmo, la ciencia y la religión no están tan alejadas una de la otra, sino todo lo contrario, se complementan. Ningún extremo es bueno, siempre es necesario encontrar el equilibrio, esa estabilidad que permite vivir en armonía. La película nos permitió recapacitar sobre estos dos conceptos tan controversiales para la historia: razón y fe. Además de ser necesarias para llegar a una verdad o a una revelación, también se requiere el valor para creer. Marcelino Sautuola fue un ejemplo de esto, quien, a pesar de utilizar la razón y la verdad para justificar su descubrimiento, fue silenciado por la arrogancia y la ignorancia de los científicos al descreer que el hombre de la prehistoria podía ser capaz de crear semejante maravilla.

Sus argumentos sobre la cueva fueron más allá de lo explicable para aquel entonces, su lucha por iluminar la historia le permitió conocer un mundo sumamente diferente. La respuesta que recibió no fue la esperada, el descubrimiento de la cueva fue tan controversial que no pudo gozar del crédito merecido en vida; años más tarde, todo lo que parecían afirmaciones disparatadas fueron ciertas. Gracias a sus investigaciones y a la búsqueda ferviente de Sautuola por la verdad, hoy se lo recuerda cada vez que se nombra a la Cueva de Altamira, un lugar que más allá de la historia, marcó una revolución entre la fe y la razón. En donde habite un hombre que crea y piense, allí se hará historia.

La luz de la cueva traspasa la pantalla

La importancia en los paisajes y en el trabajo de la producción fueron claves para el desarrollo del film. Los diferentes cambios de tomas están acompañados de momentos donde la naturaleza es protagonista. Tanto el director Hugh Hudson como el productor Álvaro Longoria supieron aprovechar correctamente la magnífica escenografía natural de España. El rodaje se llevó a cabo en Santilla del Mar, Puente San Miguel y Santander, lugares que trasmiten una magia especial haciendo de la película un regalo a lo visual.

Entrevista al actor José Esteban, protagonista del film “Altamira”

Entrevistamos al actor José Esteban, quien tuvo a su cargo el rol del Padre Thomas en el film.

entrevista realizada por Aldana Sgandurra

En primer lugar, queremos agradecerle el habernos brindado esta entrevista y de esa manera tener la posibilidad de dialogar con usted. ¿Qué significó Altamira en su carrera profesional?

José Esteban: Altamira fue uno de los trabajos que más me han marcado en mi carrera dentro del audiovisual. El hecho de entrar a formar parte del elenco de esta producción internacional a través de un casting complicado y exigente supuso para mí un hito importante. Trabajar a las órdenes de Hugh Hudson, con un reparto repleto de algunos de los nombres que más admiro dentro del panorama cinematográfico europeo, fue por un lado un placer enorme, y por otro un ejercicio más de aprendizaje —en este oficio uno no para nunca de aprender—. Trabajar en inglés, con un equipo de altísimo nivel técnico y artístico supuso un desafío y una oportunidad muy especial. Siempre le estaré agradecido a Hugh Hudson por haber confiado en mí para interpretar a Father Thomas.

¿Cómo y cuándo le llegó la propuesta para interpretar al Padre Tomás?

José Esteban: La propuesta para hacer el casting le llegó a mi representante. Mr. Hudson vio mi material, a través de la directora de casting, y quiso hacerme una prueba presencial. Los castings siempre son complicados, y en este caso el hecho de tener que improvisar y audicionar en inglés supuso un reto más. No lo debí hacer del todo mal, puesto que pocos días más tarde me comunicaron que había sido elegido.

¿Cómo fue adaptarse a un personaje tan controversial respecto a las nuevas ideas que surgían en aquella época?

José Esteban: En muchas ocasiones, la lectura del guion te suscita una imagen ambigua del personaje. Un guion puede interpretarse de muchas maneras, y es el director quien decide cuál debe ser mi punto de vista a la hora de componer el personaje. En este caso, de la lectura me surgía la visión de un sacerdote anclado en los antiguos parámetros de la Iglesia católica, reacia al imparable desarrollo cultural y científico que desmentía las creencias bíblicas. El descubrimiento de Altamira fue para la Iglesia una situación incómoda con la que lidió, como en muchas otras ocasiones, usando la represión, el castigo y la amenaza. Hugh Hudson, en cambio, me hizo ver que el Padre Tomás era un hombre que, ante todo, se guiaba por criterios emocionales alejados del rigor y el dogmatismo de muchos de sus compañeros. De esta forma, pude crear un personaje más humano, nada rígido, comprensivo con la deriva del mundo, de la historia y, sobre todo, con la durísima lucha que Marcelino tuvo que desempeñar para ser respetado y reconocido. Algo que por cierto solo consiguió después de su muerte.

¿Cómo caracterizaría o presentaría usted mismo a su personaje?

José Esteban: Father Thomas es un hombre cuyas convicciones morales están ancladas en un humanismo comprensivo con nuestras debilidades y contradicciones. Está más interesado en comprender que en juzgar. Para eso debe guardar un delicado equilibrio entre las indicaciones de la jerarquía católica, convencida de la creación del mundo por el designio divino, y las nuevas revelaciones surgidas del desarrollo científico y del auge imparable del evolucionismo. En términos coloquiales, podríamos decir que sabe nadar y guardar la ropa.

¿Qué significó para usted compartir la filmación de la película con ese brillante elenco?

José Esteban: Uno de los objetivos principales de mi carrera es conseguir trabajar al máximo nivel de exigencia. Eso supone trabajar con los mejores profesionales, con los equipos más eficaces y en los proyectos más rigurosos. Altamira es un ejemplo de ello. Compartir rodaje y secuencias con actores a los que admiro incondicionalmente, como Rupert Everett, Henry Goodman, Antonio Banderas…. sin olvidarme de la maravillosa Golshifteh Farahani, fue un sueño cumplido. Es lo que más me interesa de mi oficio, la búsqueda incesante, el continuo aprendizaje y el placer enorme de actuar al lado de gente a la que admiro profesionalmente.

Notas:

1G. Torres Laura. “Hugh Hudson: ‘Altamira’ es la historia de un hombre contra el mundo”, noticias RTVE, Madrid, marzo de 2016.

Ficha técnica

Título original: Altamira

Año: 2016

Duración: 90 min.

País: España, Reino Unido y Francia

Dirección: Hugh Hudson

Guión: Olivia Hetreed, José Luis López-Linares

Música: Mark Knopfler, Evelyn Glennie

Fotografía: José Luis Alcaine

Reparto: Antonio Banderas, Rupert Everett, Golshifteh Farahani, Pierre Niney, Kike Guaza, Nicholas Farrell, Henry Goodman, Irene Escolar, José Luis Esteban, Clement Sibony, Tristán Ulloa, Allegra Allen, Javivi, Lluís Soler.

Productora: Coproducción Reino Unido-Francia-España; Mare Nostrum Productions, El Maestro de Altamira A.I.E, Fox International Productions, Morena Films, Sympathetic Ink, Telefónica Studios, TVE, Mogambo.

Género: Drama / Biográfico. Siglo XIX. Pintura.

Afiche promocional de la película. Foto extraída de: https://www.filmaffinity.com/ar/film873494.html

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