De muros, ideas, sueños, luchas y libertad

por Rosa Elena Figueroa

La trinchera infinita narra una historia inspirada en hechos reales, la de Manuel Cortés quien fuera alcalde de Mijas durante la Segunda República Española que tuvo lugar entre 1931 y 1939. La trama se centra en el drama de los llamados topos. La Guerra Civil Española llevó a la lucha, al exilio, a perder la vida o la salud en campos de trabajos forzados o bien, a otros a esconderse donde se diera la oportunidad. 

La vida de Higinio, con la compañía a veces cercana y otras distante pero siempre incondicional de su esposa Rosa, es el símbolo ficcional de los refugiados en su propio país bajo el triunfo de Franco y su perpetuación en el poder por décadas. La película muestra la sucesión de trincheras para escapar de la muerte y de días de final incierto, el miedo al afuera y el pasar de los años y los cambios de época, las esperanzas derrumbadas y renacidas una y otra vez. La paradoja de la trinchera fáctica del perseguido y de la otra que no se ve pero que encierra al que, en libertad, odia. 

Higinio es un republicano, un concejal en un pueblo de Andalucía. La paz del poblado será arrasada un amanecer de 1936. Los nacionales llegan cuando aún todos duermen. Rosa es la primera en escuchar los golpes, los gritos y alerta a su esposo para huir. Pero ¿a dónde?, a la primera de las trincheras. Desde allí se lanzará al único intento de huida y entonces hará su aparición otro personaje, Gonzalo. Éste será su antagonista, quien, paradójicamente, acompañará en libertad a Higinio en su encierro, pero no compartiendo espacio físico sino desde su prisión de odio y de obsesión por descubrir y delatar. 

A la par de la trinchera fáctica, Higinio irá construyendo otra a medida que las esperanzas en la pronta caída del franquismo, atadas al acaecer de los acontecimientos internos y externos a España, se vayan diluyendo: el miedo. El muro de miedo, el apartamiento de sus seres queridos, los secretos de familia y los suyos propios, esos errores del tiempo anterior a la guerra, los que por momentos aparecen indagados por la mirada y la palabra de Rosa o de su hijo Jaime. Los sueños pospuestos, primero compartidos y luego en apariencia enterrados pero en realidad supervivientes para el después. Y también el hartazgo, los egoísmos y el sacrificio por el otro; el amor, el cansancio, la ternura y la lucha. Los ideales que perviven los primeros años, las alianzas con perseguidos de otra índole y después la desazón y la resignación aún frente a otro luchador lleno de la fuerza de la juventud. El acoso permanente del odio y la venganza, sólidamente amurallados, que contrastan con la libertad emancipada de rencores, encerrada pero anhelada, y el agotamiento de un régimen que va siendo quebrantado por el paso de los años y las resistencias renovadas. 

¿Qué oculta Higinio en su interior? ¿Qué esconden esos silencios? ¿Qué piensa Rosa cuando calla? También la tensión recorre a los personajes bajo la forma de diálogos precozmente interrumpidos y que guardan reproches, dudas, temores y frustraciones.  Esa tensión que se quiebra temprano en Rosa con el guardia civil, y después calla porque viene en camino su sueño. Tensión que traspasa luego a los tres, a Higinio que necesita un culpable para disimular su miedo y la duda de un padre, a la esposa que ha vivido resignando todo excepto un hijo, a Jaime que ha aprendido a mentir desde niño, a ocultar sin saber por qué la trinchera de su padre. Higinio es puesto por otros frente a sus inseguridades, es reprendido con rigor por sus miedos e incoherencias pero acaso nadie o tan sólo un fantasma puede reconocer que también es una víctima. Y mientras, los años pasan desde la cruenta guerra civil y los siguientes años de persecución, hasta los cambios culturales y las resistencias nuevas y, al fin, la inesperada llegada de  la amnistía.

Un largometraje diferente, donde el lenguaje audiovisual se entrelaza con el lenguaje escrito que acopla secuencias que organizan la narrativa vinculando últimas y primeras escenas, al momento que destacan el concepto central de aquellas y acompañan las elipsis con el transcurrir del tiempo. Se reclama la memoria o el conocimiento del espectador a través de un devenir de épocas. Se apela a ponerlo en la perspectiva del perseguido a través de los planos subjetivos desde las sucesivas trincheras, desde los sueños que revelan sus angustias. Recursos como el catch y la luz tenue que predomina en la película contrastan con la luminosidad a veces incandescente del afuera, el juego de oposición entre encierro y libertad.  El sonido directo prevalece a través de la cinta con algunas composiciones musicales que marcan el cambio de época o ponen al espectador en el instante dramático de la escena. 

Un film que muestra la lucha introvertida y sin tiempo en trincheras de silencio y oscuridad, que reivindica a aquellos, cuestionados por no pelear abiertamente pero que también fueron víctimas, que vivieron su propia batalla por la perseverancia de las ideas, del amor, de los proyectos de vida y de la vida misma para vencer al odio y a la muerte que esperaban al otro lado de la puerta.

Una historia que consulta al observador sobre qué siente desde la reclusión y el apartamiento, o respecto de qué es la cobardía, qué es el odio, qué es la entrega y el sacrificio por otro, o bien por qué las ideas pierden el ímpetu de su nacimiento. El espectador, puede sentirse identificado con el sufrimiento de Higinio pero también con el de Rosa; puede verse interpelado acerca de los propios ideales y qué ha pasado o pasará con ellos; puede inquirir la memoria y la historia y sus tragedias; puede preguntarse por los propios muros y  qué es y para qué ser libre y, en el momento actual más que nunca, plantearse a dónde ir, qué hacer con los viejos sueños después de un largo encierro.




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